Los habitantes de Cáceres están malditos
Alfonso IX de León es uno de los reyes más queridos en España. Tiene monumentos en Baiona (Pontevedra), en Almanza (León), en Cáceres, en León y en Sarria (Lugo) donde murió en 1230 haciendo el Camino de Santiago. En Badajoz hace años que están esperando colocar una estatua ecuestre suya, obra del escultor extremeño Estanislao García, que hizo en Plasencia la de Alfonso VIII y en Badajoz la de Ibn Marwan y los conquistadores Pedro Alvarado y Francisco Pizarro, al que unos insensatos pintaron de rojo el pasado 12 de octubre, Día de la Hispanidad. Alfonso IX hizo un pacto con los habitantes de Cáceres cuando les entregó la villa y el Fuero. Dolido con la Orden de Santiago con la que pleiteó para tener Cáceres, y con el Papa que anuló sus dos matrimonios e intentó destronarle, prohibió a los cacereños que dejaran instalarse en la villa a órdenes militares y religiosas. En caso de que no lo cumplieran, que no lo han hecho, dejó escrito que los maldecía, pidiendo al Creador del cielo y de la tierra que sepultara a los cacereños, «en el infierno con Judas el Traidor, por todos los siglos de los siglos, amén»