• El secretario de la Diputación que se dejaba engañar

    Cuando en la Plaza de San Juan estaba el crucero que ahora se encuentra en San Blas; allá por 1880, vivía en una casa-palacio el vizconde de la Torre de Albarragena, que fue un periodista que escribió en la Revista de Extremadura, y editó su propio semanario 'El industrial Cacereño'. De pluma incisiva, en 1889 escribió que Cáceres necesitaba, además de una Feria en condiciones, alumbrado eléctrico, traída de agua potable, un teatro y, entre otras cosas, «un secretario para la Diputación Provincial que no se deje engañar». Se murió en 1909 en Valencia de Alcántara, en donde tenía un palacio que fue noticia en el año 2007, al estallar una vieja granada en su interior, hiriendo a tres obreros que trabajaban para convertirlo en un hotel. La casa-palacio cacereña del vizconde, es ahora la sede de una oenegé en donde se forman las tristes colas del hambre, que sin duda desaparecerían en Cáceres si hubiera trabajo para todos

  • La vida vuelve a ser virtual para torear la covid

    Sin restaurantes, sin tiendas, ni gimnasios. Sin conciertos, sin museos ni tampoco entregas de premios u homenajes. La pandemia vuelve a golpear con fuerza y, en la práctica, los pacenses están confinados, pero siempre queda la ventana virtual para darse una alegría.