En 1945, un hijo del médico de Guadalupe le contó a su profesor Ortí Belmonte, que al colarse con una cuerda detrás del retablo de la iglesia del Monasterio de Guadalupe, se encontró en una galería con dos momias. Ortí Belmonte, director del Museo Provincial de Cáceres, avisó a la Real Academia de la Historia que por fin se sabía el lugar en donde estaban los restos del rey Enrique IV (1425-1474) y su madre la reina María de Aragón, que estaban ilocalizados. En 1946 se realizó la exhumación con la presencia del sabio Gregorio Marañón. Accedieron a la galería desmontando una tabla del retablo, la que se encuentra debajo de la Anunciación pintada por Vicente Carduncho. Así encontraron a las dos momias, pudiendo comprobar que Enrique IV era bastante alto para la época, medía más de 1,80 metros, tenía manos grandes, mentón prominente y un pie con una deformidad. No se pudo confirmar que murió envenenado a los 49 años. Enrique IV y su madre tienen monumentos funerarios en los laterales del retablo, obra de Giraldo de Merlo entre 1615 y 1618. Algunos pensaban que los restos estaban junto a sus estatuas orantes, pero no era así